Nuestra identidad a través de sus símbolos: El escudo del TEC

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Por Hortensia Cuéllar

 

El Tec como institución universitaria de vanguardia, se caracteriza por su enorme dinamismo: siempre está en ebullición cara a su propia auto-comprensión y desarrollo y  al impacto nacional y global  que  ese mismo dinamismo despliega. En nuestros días el TEC es un punto de referencia  ineludible en nuestro país  y en otras naciones del mundo,  lo cual –quiérase o no- tiene un fuerte impacto en  la formación de nuestros estudiantes  y en el  trabajo cualificado y creativo de sus profesores, cuya consecuencia natural en muchos casos, es la internacionalización. 

 

No hay momento en la vida interna y la proyección externa  del TEC,  que no  se considere cuál es su misión y visión, cómo debe ser su modelo educativo, cuáles son  sus objetivos, acciones y estrategias,  que le permitan cumplir con espíritu humanista y emprendedor  su propia tarea educativa, a fin de dar respuesta a los retos  y  desafíos  que  el siglo XXI le presenta,  al  formar parte de la complejidad del mundo actual.

 

 Dentro de esa enorme actividad, encontramos diversos elementos que permanecen, que  forman parte de su sustancia porque  a través de ellos proyecta incuestionablemente  su propia identidad. Estamos hablando  de los elementos simbólicos que le caracterizan y se recogen en el Escudo del TEC  y –en el caso del Campus Ciudad de México- de aquello que le permite ser denominado “El Campus del ajedrez” vinculado a sus  símbolos, edificios y jardines.

 

El escudo del TEC

 

Es frecuente que  cualquier persona que conoce nuestros campi, lo primero que observa  en la puerta principal, es el escudo  del TEC.    Al mirarlo, la gente pregunta  (¡nosotros  mismos lo hemos hecho!): “¿Qué significa?”. Podríamos responder,  “pertenencia”, “identidad”, “el sello Tec”, “un mensaje sintetizado en unos cuántos elementos de esta  Alma mater”. Recordémoslo.

 

Encontramos en su diseño –a nivel heráldico- tres elementos claramente diferenciados:

 

Un doble  aro que como elemento central nos muestra el nombre de “Tecnológico de Monterrey”. Es este el signo de identidad más fuerte –su propio nombre- que le distingue de otras universidades.

 

Interno al aro: se aprecian otros elementos básicos identitarios.  Observamos una probeta, un matraz Erlenmeyer, un contenedor de donde surgen unos rayos de luz  y un engrane. Todos ellos tienen un simbolismo preciso, vinculado al trabajo del ser humano en el campo de la  ciencia, la industria,  la técnica, en el mundo actual y en el futuro, porque este quehacer nunca termina.

 

La probeta  conserva  un minúsculo detalle: no está lisa sino graduada, lo que significado comenta G. Cuacua  en 2012 “la importancia de la medición y la evaluación”, que –me parece- representa un  homenaje a las ciencias exactas y a cualquier disciplina que haga uso de ellas.

 

Externo al aro: se ve  una mano sosteniendo una antorcha encendida que simboliza claramente la libertad del hombre, la no esclavitud a nada ni a nadie, el rompimiento de cualquier cadena que impida el desarrollo de las personas concretas y de la humanidad.

 

Este mismo símbolo puede asimismo interpretarse como el ser humano que con la luz de su inteligencia ilumina el camino propio o el de otros a través  del cultivo del conocimiento,  la cultura, las humanidades y la ciencia.

 

Las ramas de laurel son otro elemento simbólico del escudo. Fueron escogidas con toda intencionalidad  porque  las ramas de laurel  han tenido en la cultura humana un hondo significado: en la antigüedad con ellas se premiaba a los héroes olímpicos,  y en Roma la portaban los césares. Pero no solamente ellos: Dante Alighieri,  cumbre de la cultura italiana  quien nos legó la Divina Comedia, es siempre representado con una corona de laurel por la profundidad e impacto de su obra.   Hoy en día diversas  naciones y universidades del mundo la recogen en sus banderas y escudos –entre ellos el TEC-  como símbolo de honor, excelencia y nobleza.

 

El último elemento es un libro abierto cuya primera  letra es una “T” mayúscula, continuada por páginas en  blanco.  Eso simboliza el nacimiento de una nueva narrativa, de una nueva biografía que es la historia del Tec de Monterrey.